martes, 8 de julio de 2014

Confesión

A Berenice

Nunca pude escribirte sobre el mal de amores
como me pediste.
Debo confesarte querida:
Nunca salí de allí.
Llevo años intentando, años arrinconada,
empotrada entre mis cuerdas vocales,
atascada justo entre dos dientes,
allí donde entra la encía, allí donde no se respira.
De tanto en tanto alguien me ha tirado una soga y me animé a salir.
He creído que valía la pena. De tanto en tanto he vuelto a
creer.

El amor no es algo en lo que creer.
El amor es. O no.

Yo lo viví,
seguramente como vos,
digo,
lo vivimos,
y vivimos quiere decir:
nos atravesó, como vacas marcadas por hierro de fuego.
Y sólo puedo decirte mi querida Berenice;
no me arrepiento.
Si muriera mañana mismo, tan feliz me voy.
He vivido todo lo que he querido. Sé que hice bastante lío.
probablemente vos un poco menos, no menos intenso.
Si mañana me voy, me iré caminando.
Ya corrí demasiado.
Si mañana me voy, me iré riendo. Hice el amor muchísimas veces.
Hay gente que pasa la vida en pareja y no ama
o no sabe o no la amaron. Y hay quien nunca lo experimenta.
A nosotras nos pasó, nos atravesó,
y luego de eso…
Aquí estoy Berenice.
Llevo meses pensando qué escribir sobre el mal de amores,
llevo meses escribiendo y borrando.
La realidad es que no se puede escribir lo que se habita diariamente,
no se puede escribir sobre el sentimiento presente.
El mal de amores se habita,
se acomoda, se sienta cómodo,
se recuesta, se hace carne, se come, se lava,
se seca el pelo,
el mal de amores te planta tu sonrisa diaria,
esa que uno lleva al trabajo.
El mal de amores, a veces te juega una broma
y uno cree, por un instante que se fue. Pero no.
Sólo juega a las escondidas.

El mal de amores sólo existe porque existió el bien de amores.
Y doy gracias Berenice, doy gracias
porque sé lo que es. Porque amé tanto.
Porque sentí mi corazón salir de mi boca, explotar en cada palabra,
porque me comí todo el amor permitido,
doy gracias por haber sentido eso,
al menos,
una vez en mi vida.

Luca.

PD: Desearía poder escribirte otras palabras,
más esperanzadoras.
Desearía decirte que el mal de amores pasa…
Pero no estamos hablando de un tren, ni de un colectivo.
Sólo deseo que vos el día de mañana me escribas
quitándome toda la razón.