domingo, 12 de enero de 2014

El viaje. Parte II.



El amanecer en Angkor Wat


La gente de Siem Reap es amable, amistosa. Hay niños por todas partes, muchos de los cuales trabajan como vendedores. One dollar es una de las frasecitas de fondo que te acompaña todo el tiempo, o bien Hello Lady, tuk tuk, tuk tuk Lady. Te quieren vender: chalinas, pantalones, postales, libros, figuritas de Buda, frutas, agua…
Antes de salir de Argentina había estado leyendo sobre Camboya y la gente siempre cuenta “sobre el acoso” que sufre allí. Algunos hasta recomendaban llevar el Ipod enchufado en los oídos. No me pareció buena idea, así que decidí llevar una bolsa de caramelos. Elegí “palitos de la selva”. Fue todo un acierto. He recibido sonrisas de todos los colores, chicas, grandes, con mocos, agujereadas. Hasta me he sentido un poco culpable en algún momento, un poco estafadora, me regalaban demasiado por muy poco.
En Siem Reap son así, amigables. Y es raro si uno se pone a pensar de dónde vienen. Hace unos años nomás, entre 1975 y 1979 se instauró el régimen de Pol Pot, líder de los Jemeres Rojos, que era una organización guerrillera. Fundaron la Kampuchea Democrática, de inspiración maoísta. Mandaron a la gente a trabajar al campo, querían evacuar las ciudades, destruir la civilización, la cultura, todo aquello que se considerase burgués. Y pretendían la recuperación de la cultura Jemer, controlando a toda la población con ejércitos, sometiéndola a trabajados forzados y torturando en la búsqueda de enemigos.
De esa manera asesinaron entre un millón y tres millones de habitantes, muchos de los cuales pertenecían a la etnia Jemer, por eso algunos lo llamaron “auto-genocidio”.
En Camboya no se suele ver gente mayor y está lleno de niños. Muchos en pijamitas, descalzos, y hasta desnuditos. Pañales no he visto. Hay mucha pobreza, es tanta que te entra por los ojos y se te instala en el cuerpo. Una parte tuya se modifica para siempre. Esto nos sucede, imagino, a quienes viajamos receptivos, con las orejas bien abiertas, la nariz, los ojos, la boca, las manos… Luego están los otros turistas que van a hacer el paseo arriba del elefante.
En los cinco días que estuve en Camboya tomé alrededor de 35 litros de agua. El cuerpo te pide agua, nosotros no estamos acostumbrados a esa humedad y a ese calor.
En mi segundo día, luego de pasar por Ta Prohm, visité los templos Preah Ko, Bakong y Lolei. Los tres templos están más alejados, en una población que se llama Roluos. Lion siempre me explicaba un poco sobre cada templo, cada vez que bajaba del tuk tuk me contaba alrededor de qué año se había construido el templo, quién lo había mandado a construir, en honor a quién o qué representaba. No siempre podía entender lo que Lion decía y a veces nuestras conversaciones podían llegar a ser desopilantes. Los dos hablábamos un inglés muy diferente e igual de malo. Pese a eso nos entendimos bien y cuando desayunamos juntos al tercer día, me contó de su familia y le conté un poco de mi vida.
Volviendo a mi segundo día en Siem Reap y después de visitar todos esos templos, volví al Golden Mango Inn y me tiré un ratito a descansar. Luego decidí salir a comprar unas frutas y agua, ya era de noche, así que le pregunté a Wann, el chico de la recepción, si era peligrosa esa zona. Wann no entendía mi pregunta. Y nunca la entendió. Así que en la noche más oscura que he conocido salí del hotel y caminé trescientos metros por las calles de barro hasta llegar a la National Highway 6, sobre esa calle hay comercios y carritos con comida. Una chica me preparó una ensalada de frutas, a partir de ahí me dispuse a comer como ellos sin hacerle asco a nada. Sólo que dos días después me fui por el inodoro. “Es normal” me dijo Flor, la comida está llena de bacterias, “pero no pasa nada, no te vas a morir”. Y como ven, sigo vivita.
A la noche me puse uno de los dos vestidos que había llevado, las sandalias más bonitas, me apreté el flequillo con cinco hebillas, un par de aritos y salí a cenar con Tim. Fuimos a un restaurante en el centro de Siem Rep que tenía las parrilas sobre la calle y una gran terraza con mesas y sillas de plástico. Nos tomamos un par de cervezas Angkor y nos contamos un poco nuestras vidas. Tim andaba solo por allí, buscándose. Tal vez como hacía yo. Y era tan bueno charlar con alguien después de pasar el día en silencio, que decidimos pasar el último día en Camboya juntos. Ninguno de los dos quería recorrer templos tres días seguidos, queríamos ver algo más de Siem Reap. Llevarnos otra historia que contarle el día de mañana a nuestros… ¿sobrinos?
Las siestas de los conductores
Me subí a un tuk tuk y volví a mi hotel alrededor de las diez de la noche. Al día siguiente Lion me pasaría a buscar sobre las cuatro y media de la madrugada para ir a ver el amanecer en Angkor Wat1 así que no me podía acostar tarde. Y no sé para qué me fui, porque me dormí a las tres de la mañana. No sé si fue por mi felicidad, o mi ansiedad, o por el calor, o porque había salido con Tim de Portland.

No importa, me levanté y me fui a ver el amanecer más bonito que vi en mi vida. Angkor me fascinó, a la salida nos encontramos con Lion en un café. Debo reconocer que Lion no se pasaba el día tirado en una hamaca paraguaya como hacen la mayoría de los choferes de tuk tuk. Duermen y manejan, nada más. La hamaca la llevan sujeta dentro del tuk tuk y cuando te bajás a mirar los templos, ellos aprovechan todo ese tiempo para extender la hamaca paraguaya y dormirse una buena siesta.
Luego conocí Angkor Thom. Cuando bajé del tuk tuk empecé a ver monos, gallos, gallinas y elefantes.
La entrada de Angkor Thom, fue una ciudad real de orígenes hindúes, dedicada al Dios Visnu, luego estos templos pasaron a ser budistas.
En el centro de Angkor Thom está el templo Bayón. Es el templo que tiene las torres con la cara de Buda por los cuatro lados y en las paredes hay escenas que muestran la vida del rey y del pueblo.
Templo Bayón, del rey Jayavarman VII
Siguiendo mi camino amarillo luego de visitar el templo Bayón, fui a ver la Terraza de los Elefantes, el templo Preah Keo y el templo Phimeanakas. A estos no pude ascender… Eran muy altos. Así que me sentí un poco derrotada. Pensaba “¿Llegué hasta acá y me derrotan unas escaleras?”. Después de eso asumí que había llegado hasta ahí y me habían derrotado unas escaleras. Pero Siem Reap es mucho más que dos o tres templos a los cuales no pude subir. Luego visité otros dos templos que se llaman Preah Khan y Preah Neak Pean que significa “el templo de las serpientes entrelazadas”. De hecho en el templo están las serpientes con las colas entrelazadas. Se creía que las aguas que rodean el templo eran curativas. Es uno de los templos más lindos. Tuve la suerte de poder verlo porque si llueve mucho se inunda y no se puede acceder, y se accede por una pasarela de madera por la que hay que caminar un kilómetro y medio hasta llegar. 
En la pasarela del templo de las serpientes entrelazadas

Después de una mañana intensa paramos a comer en el Khamer Village Restaurant. Y a la tarde visité el templo Banteay Kdei. No recuerdo qué otros templos más visité ese día. Llegué al hotel tarde y agotada. Pero me cambié y me fui a cenar con Tim a un restaurante de tapas españolas. Tim no había salido durante el día, había estado organizando lo que iba a hacer el día siguiente. Entonces me cuenta su plan y me dice que había reservado un tuk tuk para ir a las cataratas de Koulen Mountain que están como a 60 Km de Siem Reap y luego visitar un templo que está más lejos, como a 77 Km que se llama Beng Mealea o bien “Estanque de flor de loto”. Y yo digo… “¿Y si hacemos todo eso en moto?” Así que después de cenar, reírnos y organizar bien el día siguiente, nos fuimos a llamar por teléfono. Era la una de la madrugada y acabábamos de reservar dos motos que nos pasarían a buscar a las siete de la mañana. Tim me decía “no puedo creer la energía que tenés, ¿siempre tenés esa energía?”, y seguro que le di diez respuestas diferentes. Luego me subí a un tuk tuk y me fui corriendo a dormir, pero era tanta mi energía que no dormí.



Angkor Wat1 es el templo más grande y también el mejor conservado de los que integran el asentamiento de Angkor. Está considerado como la mayor estructura religiosa jamás construida, y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo. Ubicado 5,5 km al norte de la actual Siem Reap, en la provincia de Camboya, Angkor Wat forma parte del complejo de templos construidos en la zona de Angkor, la antigua capital del Imperio Jemer durante su época de esplendor, entre los siglos IX y XV. Angkor abarca una extensión en torno a los 200 km², aunque recientes investigaciones hablan de una posible extensión de 3.000 km² y una población de hasta medio millón de habitantes. Desde su construcción a principios del siglo XII y hasta el traslado de la sede real al cercano Bayón a finales del mismo siglo, Angkor Wat fue el centro político y religioso del imperio. El recinto —entre cuyos muros se ha calculado que vivían 20.000 personas—, cumplía las funciones de templo principal, y albergaba además el palacio real.
Dedicado inicialmente al dios Vishnú, arquitectónicamente el templo combina la tipología hinduista del templo-monte —representando el Monte Meru, morada de los dioses— con la tipología de galerías propia de períodos posteriores. El templo consta de tres recintos rectangulares concéntricos de altura creciente, rodeados por un lago perimetral de 3,6 km de longitud y de una anchura de 200 m. En el recinto interior se elevan cinco torres en forma de loto, alcanzando la torre central una altura de 42 m sobre el santuario, y 65 m sobre el nivel del suelo.
La palabra Angkor viene del camboyano
នគរ Nokor, y a su vez de la voz sánscrita नगर Nagara que significa "capital", mientras que la palabra Wat es de origen jemer y se traduce como "templo". El nombre de Angkor Wat es en todo caso posterior a su creación, pues originalmente recibió el nombre de Preah Pisnulok; nombre póstumo de su fundador Suryavarman II.
Angkor Wat se ha convertido en un símbolo de Camboya, hasta el punto de figurar en la bandera de su país. El 14 de Diciembre de 1992 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

12 comentarios:

  1. me gusta mucho tu relato, mas porque encuentro a mi hija también.

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  2. Como cuando el silencio es posible
    y las palabras empiezan a temblar.

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  3. Muy interesante. Ya quiero leer más. Un abrazo.

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    1. Si, si! Sigo escribiendo.. abrazo amiga.

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  4. ¡¡Ah que mujer tan energética!! Si te soy sincero disfruté un poco más este relato que el anterior, creo que es más íntimo. Pero ambos me han encantado. Habrá tercera parte, porque al igual que Jessica, quiero más, =). Un abrazote.

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    1. Querido Gildardo! Estoy escribiendo la tercera parte... Es muy raro, me estoy metiendo en terrenos muy personales! Ni cuento ni poema.. Qué me dices? Gracias siempre!

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  5. Me leí las dos partes de un sopetón! La mezcla entre lo que me acercás a esos mundos para mí desconocidos y los condimentos íntimos del terreno personal que decís, me atrapa. Estoy pensando seriamente en no leerte más hasta que tengamos el viaje completo, porque esto de quedarme con las ganas de seguir... me gusta y no me gusta! Lo que pasa es que no sé si resistiré tener una tercera parte y dejarla ahí "guardada". Bah, sí sé, no lo voy a poder hacer! Así que dale... que venga!

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    1. Mariana querida, trataré de complacerte lo antes posible! Gracias por seguir mi blog, ya he visto que te has sumado y me pone contenta!!! Beso!

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