lunes, 4 de noviembre de 2013

Camboya



Las manos arañadas
y la mirada puesta en las montañas Kulen
bajo anteojos que nada ven de tanta lluvia y barro desprejuiciado
puesta la mirada en una moto encajada en el lodo
puesta la mirada en puentes colgantes, en llanto de niño sostenido en pobreza
y mocos de cataratas y cataratas de mocos
arañas, elefantes, víboras
y nosotros con cámaras, fotos, grabaciones
metiendo todo ahí dentro para traernos Camboya entre la piel y la mochila.
Los escalones rotos de aquella escalera de agua salada
latas de cerveza que todo lo ensucian
de turistas insensibles a una naturaleza tan viva y tan fugaz
y tan real hasta la risa del esternón, o era mi risa
que de tan real se vivía allí por donde pasaba.
Puesta la mirada de locos de atar por una aventura para recordar en las ensaladas diarias de una oficina rutinaria.
“Tenía que pasar por su camino déjeme decirle, Señor Black
no tanto por cachetearlo y despertarlo
a las once de la noche en un restaurante de tapas español en Siem Reap
no tanto por ayudarlo en sus tiempos y arrinconarlo contra las agujas del reloj
si no más por despertarme y agradecer semejante suerte
si no más por despertarme y decirme hasta aquí llegaste
ahora no es momento de temer a unas cuantas lagartijas
quítate el casco, seamos camboyanos, de esos que toman Tiger
y escuchan Celine Dion,
de esos que se tiran en la hamaca paraguaya y duermen las siestas en los templos de Angkor.
Porque puesta la mirada en los culitos sin pañales
y en el niño que se come el caramelo con papel
ven aquí niño mío pequeño bello hermoso
éste es un caramelo y viene con papel, ¿ves?
Así así se quita.
Porque puesta la mirada en las sonrisas que regalan
a todos nosotros que no merecemos que nunca mereceremos.
Tomen ustedes, les regalo las mías que es lo único que puedo regalarles además de caramelos con papel y mi felicidad entera.
Puesta la mirada en el vértigo que aflojó mis piernas sobre el templo Pre Rup,
en las sedas de colores
en los monos jugando los juegos de los niños
en los gallos que se pasean flacos de robustez pero con elegancia occidental
y los tuk tuk se ofrecen para llevarte adonde quieras
y mis ojos atraviesan todos esos huecos donde no hay dientes pero si humildá.
Y la bondad te impacta y se te clava entre el corazón y la garganta
convertida en flecha que te desangra y te deja un agujero que quedará supurando
tus miedos, tus ideas, tus angustias, tus ilusiones, tus nervios, toda tu pus y todas tus mierdas.
Para ser. Renacer. Revivir. Revisar. Repasar. Remontar. Reencontrar. Reencontrarte.
No se ve. Se siente. No se vive, se atraviesa. Te atraviesa.
Como flecha sin rumbo ni arco que se dispara en dirección perdida
y justo ibas caminando vos con cara de boludo mirando cómo te picó el mosquito del dengue.
Justo ahí cuando la flecha te parió.
Eso es Camboya. 

11 comentarios:

  1. Gracias Fran! Gracias por leerme y por comentar siempre!

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  2. Eso es Camboya, lo que te trajiste "entre la piel y la mochila". Me encantó.

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    1. ¡Ay, qué alegría que me dejes el recuerdo de tu paso por mi blog!

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  3. Camboya te hace parir aunque no quieras, aunque la cara de boludo, aunque el comemirdas!

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  4. Haces que se sienta ese viaje. Un gusto leerte, parece que me queda bastante. Un abrazo

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    1. Gracias Gildardo, qué bueno saberte lector de mi blog!

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  5. "Te atraviesa".........se siente en tus palabras, muy bueno Lu

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  6. Excelente,Lu!!! Tu mezcla de sensaciones y todo lo demás ..ahora lo tengo yo...!! Besos

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