domingo, 15 de septiembre de 2013

Ahogo



Como dividendos cayendo en bolsa con números primos y otras restas.
Como árboles sin raíces de hojas violetas
como caminos de Oz, de hojalata,
que suenan a tormenta de pobre un día de barro
como pisada de gigante en un ascensor
como oyuelos de camarera complaciente de ojos abiertos de elefante de circo.

Así, como mafioso perdido en Buenos Aires,
como rayos y truenos en un día de sol.
Así me encuentras,
como tacón que se rompe en el empedrado
de la Plaza de la Paja.

Dejáme que me caiga en tus brazos,
que corra los kilómetros, las primaveras
y las flores marchitas que dejó el invierno.
Dejáme como pájaro de ala rota
como lágrima frente al espejo del lavabo,
como cortina de plástico,
como el olor de los huevos fritos en casa de pueblo.
Dejáme campo. Viento. Caballo.
Como pez de estanque y molinos de viento.
Suspiros. Sofocos. Latidos. Taquicardias. Ahogo.
Como agua que no apaga llama.
Como caída en un catre olvidado, en una vereda cualquiera de Madrid.
Pido, pido para mí y para todos mis compañeros.
Pido una canción para aplaudir de pie. Para respirar los estribillos.
Pido un chaparrón que dure un respiro profundo.
Pido un pedal, una bicicleta con canasto y bocina
para abrir paso entre mis sauces y mis fauces.
Pido un beso de cartón pintado
un beso que suene a clavicordio de la Sinfónica Nacional
y una ruta de alquitrán para rajarme ya.

Lisboa



Los faroles bailan el amarillo y el camino certero.
Un ombú guarda secretos bajo sus ramas junto con semillas de cerezos
y los secretos se endulzan y se regocijan.
Un guiño de ojo que sabe y dice, aparece escondiéndose en aquella ventana.
Las flechas señalando orquídeas y nubes rosas bailan la música de los bandoneones.
Canta un fado mi querido,
yo le pondré el rojo de mis labios y de mis tacones.
Rumbea y yo seré falda a lunares y manos calientes de ron y fruta de feria.
Los faroles de Lisboa echan al olvido los cafés que nunca serán,
y la nostalgia mastica las castañas asadas de cualquier esquina.
Y van los tranvías. Y la lluvia fina molesta los ojos.
El faro ilumina tu risa y los años se encuentran con tus picardías.
Los faroles te piden el zaguán y tú les das sexo emergente
que hierve conejos y saborea el guiso.
¡Saca las fotos y pon el casette que canta la vida
que canta la lluvia, los miércoles, los gusanos y los decimales!