sábado, 6 de julio de 2013

México


Ahí viene la Catrina en una carcacha
vestida con miriñaque, guantes de tul celeste
sonriendo huesos
y con un sombrero cordobés de terciopelo verde.
Viene ella y viene el borlote
y todos bailamos unas rancheritas
bajo una lluvia de amapolas rojas y plumas de avestruz.
Viene con sus ficheras, cuates y cochinadas,
tequilas para compartir
y calaveras para pintar a nuestro antojo,
viene con flores alucinógenas
del desierto de Chihuahua.
No me reten si destrozo la cantina
con mi guitarra de jugar
que yo no canto ni compongo.
Lo mío es simple decir:
mistelas desbordados con enchiladas y pan de muertos.

En la arena los bailares esos de chicas descalzas
se roban las miradas de las iguanas, de las piedras y de los chucuyos.

Aquí yo bailo y brindo
entre chelas y muppet’s de toronja
con unas bandidas de cuchillo y revólver
que andan de paso y son bien simpáticas.
En realidad festejo a los que se fueron,
a los que nos iremos.
Vivo el presente y te digo...
Y luego me desdigo.
Cantáme una canción de verdad
de esas que producen vómitos, naúseas y orzuelos.
Y dejáme que te diga un secreto:
levantáme del suelo
que mis tacones han crecido y no los domino,
vámonos lentamente por la puerta de atrás,
“Shhh” disimulá el paso
y subamos a una de esas trajineras de Xochimilco
una que se llame Lupita o María Bonita
y mariachis, tamales, piñatas y mareos.
Mejor mañana me lo contás
con tortilla de maíz, pudores y frijoles
con naranjas, tostadas y una michelada.
En tanto hoy, irrespetémonos.
Me perdí. ¿Qué te digo?
¡Ay! No sé mi vida pero seguro estoy borracha.
¡Ah! Que no oses mirarme desde el portal, jamás.
Entrá y acóstate, acá. No seas chapucero.
Dejá que mi brazo muerto te quite el sueño,
que sueños tendremos siempre.
Y si no, nos iremos en la carcacha,
con la Garbancera de fiesta a echar otros desmadres
vestidos de toreros.
Castañeando los huesos
con nuestras pocas chivas
y gritando
“Vámonos a la chingada”.

En la Guelaguetza ofrendan y bailan leyendas bajo viejos reflejos de Xipe Tótec y Coqui Bezelao. Ellas con sus trajes heredados bordados en oro y ellos con sus sombreros de charro.

Entonces me asusto.
De mí ¿de quién sino?
Y caigo en tus brazos.
Buscando ese hueco, que me recibe
el de “después de portarme mal”
ese hueco que me reconoce y yo a él.
Ese rincón de tu cuerpo
que me habla y dice: “vení conmigo nenita”.
Ah no, sos vos. Vos hablándome. Vos y el amor.
“Y viceversa”.
Vos amándome como soy.
Entonces yo. Pues.
¡Ay! Esperá. No preguntes.
Dame un minuto,
que traigo un chamán.
Con sus sonajas, flautas, la caracola y los cantares.
Vení, vení paráte acá, frente al universo.
Y respondeme una cosita:
¿te querés casar conmigo, querido?

Me encanta cuando me respondés:
“y viceversa”.

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