miércoles, 3 de julio de 2013

La colonne de Juillet



Una vez dejé un secreto
bajo un adoquín en Plaza de la Bastilla
a cambio me llevé uno del Marqués de Sade
-porque dejó muchos y para todos-.
Pero después de lo que contaré…
a ver quién se anima.
Justo cuando estaba dejando mi secreto
siento una mano que me tira del brazo
y me coge por la barbilla.
Entonces tengo una mirada frente a la mía.
Pero bajo los párpados,
porque es imposible sostener esa mirada.
Siento unos dedos gordos y remugrientos,
dientes azafranados, encimados, torcidos,
escupiéndome las iras
rechinándome los huesos
temblándome las rodillas y las ideas
y el dolor de la barbilla
y la palabra encerrada, petulante,
su boca tan próxima
su mirada en la mía.
Su mirada.
Me dijo que avise a mis vecinos
y a mis amores –así me dijo-
que si La colonne de Juillet
nos resulta tan atractiva
se debe sólo a él
porque erecta desde sus rojas,
viciosas y eróticas palabras,
poemas, insultos, morbos
e incansables e inagotables
y endemoniadas
letras del Divino Marqués.
Sí, habló de él en tercera persona.
También me dijo que mi secreto era
“intéressant et révélateur”
y otras cosas altamente perturbadoras
al tiempo que deslizaba su dedo índice
desde mi barbilla hasta…
Y entonces los escalofríos
y entonces éste calor que me sofoca
que me ahoga
el fuego,
sus dedos, su pelo encrespado,
turbulento, trastocado,
el fuego,
su voz en mi boca,
mi cuerpo sostenido
el recuerdo constante
mi cuerpo
sudando
exhalando
rezumando
goteando
gastritis
fiebres
nauseas
e infecciones urinarias.

3 comentarios:

  1. Lo de mas allá se vuelve de acá en un uso continuo, luego hay un allá nuevo que traer... Como en todo es la creatividad la única salvación. Y si, a ver quién se anima! Cuanto menos quién logra animarse. Beso

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