martes, 2 de julio de 2013

Cowboys



Señor, si me permite le invito una cerveza
y le cuento mis angustias
esas que vienen en forma de Smith & Wesson Modelo 686”
encajada en la cintura
proponiendo duelos imposibles a las 2 am.
Cantinero, por favor
dos de ésas rubias.
Permitame preguntarle
¿entiende usted del amor?
bueno, del amor, quien habla del amor
habla de una mujer, sólo una,
esa que lo mira a usted
diciéndole: “la cena está servida
con el sudor en la frente y la canana en el muslo
bajo faldas de volados y flores.
Hablo del amor
no por romántico, no me confunda,
sino por desvelo.
Llevo varios meses por estas tierras de polvo,
persiguiendo cretinos que todavía no entendieron
ni de honestidad ni de guisos de lentejas esperando en la mesa.
Usted entiende de estas cosas porque callado escucha.

Muy amable. Está fresca, y vino con buen discurso.
A mi no me esperan guisos ni unas piernas a las que entregarme.
Afortunado fui, otros fueron los tiempos.
Ella me dedicaba risas como puentes.
Yo los caminaba hasta la mitad sin traspasarlos, jamás.
Ante todo respeto, que de eso, usted y yo parece que entendemos.
Me conmuevo, ¿sabe?
Estas tierras texanas son pura rata, polvo y gualichos ponzoñosos.
Le daré un consejo, amigo:
Si usted tiene la suerte,
o bien sabe escuchar,
ándese hacia otras tierras y guarde la colt en el cajón.
Vaya a cuidar de su dama usted que puede
y disfrute de esos guisos y del pan casero.
Yo no supe. Aquí estamos rodeados de necios que empuñan pistolas
y matan sin piedad.
Cantinero, otras dos.
Ésta vez invito yo. Por necesidad.
Porque la realidad nos silencia y es de difícil digestión.

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