jueves, 18 de julio de 2013

Espadas, embrujos y sopas de sapo



A Juan

Déjame que te cuente un cuento,
un cuento de hadas y prisioneros,
de pájaros matemáticos que beben
sopas de sapos y de cangrejos.

De marcianos que habitan planetas extraños
donde no hay puertas ni cactus ni gatos.
De vecinas con delantales que cocinan
con caldos de vaca, de puerco y de gallina,

guisos y sánguches,
unos para el marido
y otros para el amante.

Y cuando me preguntes
“tía, ¿qué es el amante?”
déjame que te diga
“eso más adelante”.

Déjame que te cuente
de monos en patines
bailando como delfines,
infieles y decentes.

De peces de colores
de tigres y de cómo
cambian los camaleones.

De cebras y de corderos
que por las noches
cuentan tus sueños.

Déjame que te cante,
que te cante mariposas,
números y moscas.

Que te cante las lluvias,
los rayos y las lunas,
las baldosas, las hormigas
y las langostas peregrinas.

Déjame que te cante
que debes cuidarte
lavarte los dientes
¡y bien cepillarte!

Déjame decirte
“respeta y sé educado”
eso siempre y en todos lados.

Déjame que te acompañe
dame tu mano, chiquito.
Déjame que te cuente un cuento
de esos de mamá pata y sus patitos

que aletean en el agua verde
sin perder lo colorido
y de cómo uno se pierde
por andar distraído.

De esos de sapos con coronas
que esperan besos imposibles.
Y vos me preguntarás
“Tía ¿qué es imposible?”

Y yo te responderé
“Algo de lo que vos nunca sabrás”.
Dame esa risa de dientes
como arrocitos blancos locos de atar

déjame comerte a besos
hacerte cosquillas
préstame tus pocitos,
aunque sea de a ratitos y ratitas.

Y reí, reí mucho que me hace feliz.
Señálame el mundo
vamos a vivir

y ver los mares que guardan barcos
llenos de misterios, de pulpos, de muebles,
de tesoros, de zapatos, de secretos y tiranos.
Señálame el mundo y veré desiertos y jeques,

alfombras voladoras y lámparas
llenas de genios gordos que conceden deseos con toda su magia.
Señálame el mundo y veré maravillas
de Perú, de Brasil, de la India, de Tanzania.

Señálame el mundo
y veré cielos azules
rojos, amarillos, naranjas y verdes.

Llora tus pesadillas
y yo pelearé contra monstruos y dragones
contra brujos y leones.

Corre, corramos juntos,
vamos al barro, al arenero,
comamos chicles y pirulines,
gritémosle a las estrellas todos nuestros deseos.

Y nuestros miedos,
que allí se irán, o se quedarán
o para que se los lleve el cielo
y vos me preguntarás

“Tía ¿qué es el miedo?”
y yo te responderé “es lo que te enseñará
a ser precavido pero no te detendrá”

Toma ventaja en las carreras
de salto en bolsa,
y regala sorpresas.

Comparte tus golosinas siempre
que si no me enojo
y pierdo el temple.

Regala sonrisas entre las niñas.
Préstale el triciclo al vecino.
Y nunca te rindas.

Juega a la pelota por diversión
que parece que la gente,
la gente se olvidó.

Quiere mucho Juan querido,
queré como te quiero
y prométeme que siempre te vas a cuidar
es lo que más deseo.

Y si no lo haces me llamas
y sacaré mi espada y mis embrujos
y pasaré por arriba a más de uno.

Seré saeta de osado soñar,
con mi capote rojo los torearé a raudales.
Y les diré “quien ose meterse con Juan
tendrá que ser sobre mi cadáver”.

sábado, 6 de julio de 2013

México


Ahí viene la Catrina en una carcacha
vestida con miriñaque, guantes de tul celeste
sonriendo huesos
y con un sombrero cordobés de terciopelo verde.
Viene ella y viene el borlote
y todos bailamos unas rancheritas
bajo una lluvia de amapolas rojas y plumas de avestruz.
Viene con sus ficheras, cuates y cochinadas,
tequilas para compartir
y calaveras para pintar a nuestro antojo,
viene con flores alucinógenas
del desierto de Chihuahua.
No me reten si destrozo la cantina
con mi guitarra de jugar
que yo no canto ni compongo.
Lo mío es simple decir:
mistelas desbordados con enchiladas y pan de muertos.

En la arena los bailares esos de chicas descalzas
se roban las miradas de las iguanas, de las piedras y de los chucuyos.

Aquí yo bailo y brindo
entre chelas y muppet’s de toronja
con unas bandidas de cuchillo y revólver
que andan de paso y son bien simpáticas.
En realidad festejo a los que se fueron,
a los que nos iremos.
Vivo el presente y te digo...
Y luego me desdigo.
Cantáme una canción de verdad
de esas que producen vómitos, naúseas y orzuelos.
Y dejáme que te diga un secreto:
levantáme del suelo
que mis tacones han crecido y no los domino,
vámonos lentamente por la puerta de atrás,
“Shhh” disimulá el paso
y subamos a una de esas trajineras de Xochimilco
una que se llame Lupita o María Bonita
y mariachis, tamales, piñatas y mareos.
Mejor mañana me lo contás
con tortilla de maíz, pudores y frijoles
con naranjas, tostadas y una michelada.
En tanto hoy, irrespetémonos.
Me perdí. ¿Qué te digo?
¡Ay! No sé mi vida pero seguro estoy borracha.
¡Ah! Que no oses mirarme desde el portal, jamás.
Entrá y acóstate, acá. No seas chapucero.
Dejá que mi brazo muerto te quite el sueño,
que sueños tendremos siempre.
Y si no, nos iremos en la carcacha,
con la Garbancera de fiesta a echar otros desmadres
vestidos de toreros.
Castañeando los huesos
con nuestras pocas chivas
y gritando
“Vámonos a la chingada”.

En la Guelaguetza ofrendan y bailan leyendas bajo viejos reflejos de Xipe Tótec y Coqui Bezelao. Ellas con sus trajes heredados bordados en oro y ellos con sus sombreros de charro.

Entonces me asusto.
De mí ¿de quién sino?
Y caigo en tus brazos.
Buscando ese hueco, que me recibe
el de “después de portarme mal”
ese hueco que me reconoce y yo a él.
Ese rincón de tu cuerpo
que me habla y dice: “vení conmigo nenita”.
Ah no, sos vos. Vos hablándome. Vos y el amor.
“Y viceversa”.
Vos amándome como soy.
Entonces yo. Pues.
¡Ay! Esperá. No preguntes.
Dame un minuto,
que traigo un chamán.
Con sus sonajas, flautas, la caracola y los cantares.
Vení, vení paráte acá, frente al universo.
Y respondeme una cosita:
¿te querés casar conmigo, querido?

Me encanta cuando me respondés:
“y viceversa”.

miércoles, 3 de julio de 2013

La colonne de Juillet



Una vez dejé un secreto
bajo un adoquín en Plaza de la Bastilla
a cambio me llevé uno del Marqués de Sade
-porque dejó muchos y para todos-.
Pero después de lo que contaré…
a ver quién se anima.
Justo cuando estaba dejando mi secreto
siento una mano que me tira del brazo
y me coge por la barbilla.
Entonces tengo una mirada frente a la mía.
Pero bajo los párpados,
porque es imposible sostener esa mirada.
Siento unos dedos gordos y remugrientos,
dientes azafranados, encimados, torcidos,
escupiéndome las iras
rechinándome los huesos
temblándome las rodillas y las ideas
y el dolor de la barbilla
y la palabra encerrada, petulante,
su boca tan próxima
su mirada en la mía.
Su mirada.
Me dijo que avise a mis vecinos
y a mis amores –así me dijo-
que si La colonne de Juillet
nos resulta tan atractiva
se debe sólo a él
porque erecta desde sus rojas,
viciosas y eróticas palabras,
poemas, insultos, morbos
e incansables e inagotables
y endemoniadas
letras del Divino Marqués.
Sí, habló de él en tercera persona.
También me dijo que mi secreto era
“intéressant et révélateur”
y otras cosas altamente perturbadoras
al tiempo que deslizaba su dedo índice
desde mi barbilla hasta…
Y entonces los escalofríos
y entonces éste calor que me sofoca
que me ahoga
el fuego,
sus dedos, su pelo encrespado,
turbulento, trastocado,
el fuego,
su voz en mi boca,
mi cuerpo sostenido
el recuerdo constante
mi cuerpo
sudando
exhalando
rezumando
goteando
gastritis
fiebres
nauseas
e infecciones urinarias.