jueves, 13 de junio de 2013

Majo



No sé qué pasó y nadie me quiere explicar. Me encerraron en la habitación y me dijeron que no salga por un rato, y me pidieron que les cuente todo mi día en el cole, y la vuelta a casa como veinte veces, y todo con detallecitos, y ellos se enojan porque no me acuerdo todo perfecto. Y después me encerraron, con llave no obviamente, porque nunca hay que encerrarse con llave porque dice papá que las llaves las usan sólo los adultos y que el Señor Cerrojo siempre está controlando y si encuentra un niño cerrando con llave una puerta, le corta la mano, así ¡zas! de un cuchillazo. Dice papá que sólo se aparece si te ve cerrando la puerta. Me dijeron que me quede acá tranquilita y que no salga hasta que me digan. Mucho problema no me hago porque tengo la tele y están dando los dibus que me gustan, aunque estos son repetidos. Y ya que estoy viendo dibus repetidos aprovecho a organizar todo porque mañana viene a casa Majo y vamos a pasar la tarde juntas, así que voy a preparar todos los trajes de reina para mí y los de princesa para ella. Aunque tal vez debería ser al revés porque Majo es muy linda y anda siempre bien vestida, eso dice siempre mamá, que debo aprender de Majo que no anda jugando con los varones y ensuciándose y transpirando como una bellaquita. Dice siempre que la ropa no aguanta nada que no para de lavar y lavar y que toda se arruina y además me dice que no me queje por venir caminando desde la escuela porque me hace bien sobre todo a mí que estoy rellenita. Mi mamá siempre anda protestando y apurada, mientras nos habla nos barre los pies y mientras tomamos la leche ya nos quita el plato de galletitas y limpia y no llego a terminar la taza que ya me la quita antes que la deje sobre la mesa. Porque todo tiene que estar limpiecito sino nos podemos contagiar bacterias, virus y bichos que pegan enfermedades. Así que todo está limpiecito. En casa mucho lio no podemos hacer además yo me comporto como una princesita porque quiero que me diga que soy una nena como Majo que es linda y no transpira ni se ensucia. Así que me aburro bastante porque trato de estar quietita todo lo que más puedo y creo que soy inteligente, pero mamá no piensa igual porque siempre me dice que los niños y niñas inteligentes nunca se aburren. “Bué”, yo pienso que debo ser de una raza diferente, me siento una infiltrada en mi casa, en la escuela… La maestra también suele quejarse de mí, dice que si me copio de mis compañeros no voy a aprender nunca nada. Yo le digo a la maestra que siempre estudio pero que se me olvida todito cuando llego a clase y ella me dice que cuando estudie más y coma menos chocolates me va a ir mejor en la escuela. No entiendo qué les pasa a todos con los chocolates que yo me como, si es lo mejor del mundo, no hay cosa más rica. Me pregunto cuándo lo habrá creado Dios. También me pregunto cuándo creó el dulce de leche, los cacahuetes, y las alfombras voladoras. Claro que también me pregunto por qué puso todas las alfombras allá por los desiertos y no dejó ninguna por acá. Mamá dice que me pregunto muchas cosas. Cuando pregunto mucho me manda afuera a jugar un poco porque dice que necesito desfogar. Yo le digo “¿desfogar qué?” pero salgo antes que cambie de opinión. Además no me deja pasar mucho tiempo en la calle así que tengo que aprovecharlo al máximo, entonces voy corriendo a buscar a Majo que siempre sale porque los papás son así como “cancheros”, eso dice mamá de los papás de Majo y el resto no lo escucho porque se lo dice bajito a papá. Con Majo enseguida nos vamos a buscar a Tincho, al Tero, a Richi, Lean y al Patito. Y jugamos a la pelota o a la bolita. Nosotras tenemos una super técnica para ganar a la pelota, nunca falla y nos morimos de risa, les pegamos patadas a los chicos y cuando caen doloridos, les metemos el gol. Casi siempre ganamos. Pero eso es porque a veces hacen cosas que nos dejan afuera, el otro día jugaron a ver quién meaba más largo, y nosotras mirando cómo el chorro pasaba por arriba del paredón y diciendo cuál llegó más lejos. Pero no nos gustan esos juegos, ellos dicen que somos las referí, pero no nos convence. Majo dice siempre que ese juego es prohibido, y yo le digo que no lo prohíbe nadie. Pero ella me contó que en su casa la suelen retar, le dicen que siempre que anda conmigo vuelve varonera y boca sucia. Yo me muero si no me dejan juntarme más con Majo, así que siempre les escribo cartitas a sus papás. El otro día gasté mis mejores figus de teen angels y puse la cincuenta y cuatro  que la tenía una vez, porque mamá dice que “para dar bien hay que dar lo que cuesta”. Y todos los días sueño con la cincuenta y cuatro, pero me dijo Majo que la va a despegar de la cartita y me la va a devolver porque total ellos las cartas las guardan en un cajoncito del armario que no abren nunca y esa figurita va a cumplir su función en el álbum al que pertenece. Y tiene razón, se lo iba a preguntar pero paró aquél señor que nos interrumpió la conversación, fue justo cuando salimos de la escuela, y siempre cuando salimos hablamos más que nunca porque tenemos guardado todas las cosas que no pudimos decirnos en todo el día, íbamos hablando de esto, bueno no me acuerdo bien, de todo al mismo tiempo y organizando el día de mañana porque va a venir a jugar a casa, y justo paró este hombre que venía en un auto muy bonito, parece que era el primo segundo de Majo, porque conocía bien a sus papás y a ella la conocía de chiquitita lo que pasa que hacía mucho que no se veían, a Majo le costó reconocerlo. Y bueno, simpático el señor, nos regaló unos chocolatines blancos super ricos que me los comí rápido para que no sepa mamá porque me tiene cortita con los chocolates. Y nos ofreció traernos a las dos, pero por más que insistió en acercarme yo le dije que no porque si mamá ve que volví en auto en vez de caminar, me va a retar. El señor decía que no porque es familia de Majo, pero yo insistí “no señor, usted no conoce a mi mamá, sino camino va a decir que soy cómoda y vaga y después no hay quien la aguante”. Así que se llevó sólo a Majo.
Cuando el coche estaba arrancando se detuvo, Majo se asomó por la ventanilla, sacó su brazo extendido y puso algo entre mis manos. Sonreímos las dos. Entonces iba a saludar al primo de Majo otra vez, pero esta vez no me miró ni me sonrió, miraba como miraba el tío Octavio la mañana que tía Elvira cayó por las escaleras. A mí se me hizo un nudo en la panza no sé si por los chocolatines o por recordar al tío cuando se lo llevó la policía.
Ahí se iba Majo, nos saludamos con el golpecito en el corazón como hacemos cada vez que estamos lejos, y cuando abrí mi mano: la figurita cincuenta y cuatro.

6 comentarios:

  1. Me ha encantado. La inocencia tan del pequeño Nicolás de Goscinni y toda la carga emocional que hay detrás. Genial, Luján! :)

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  2. Vale. Ya relajada te comento...

    Me encantan las narraciones desde el punto de vista infantil. Hermosos relatos con interiores de pena e incluso hasta ofensa y horror. Y pensar que los monstruos algún día fueron niños. Bueno, podría hablar y escribir de eso por horas...
    Muy bueno Luca!

    Un beso

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  3. Resalto la inocencia por lo perverso o lo perverso en lo inocente. Mirar como un niño que juzga comparando en los ojos de otro, los ojos malos. Sistema perfecto, inocencia y crudeza en su mejor punto. J.

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  4. Gracias a todos. Son comentarios muy fructíferos. Lo festejo.

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  5. Gracias, acojonado estoy....despues de este tremendo relato, no dejo salir a mis dos niños ni al rellano de casa. Magnifico Lujan, magnifico.

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