miércoles, 1 de mayo de 2013

Sentimiento cóncavo. O convexo.



Recognized you,
so I do.
So, am I.
Here and there
long time ago
in some street of the old Madrid.

Te toco.
Con mis palmas abiertas,
llanas
alérgicas
curtidas.
Con mis manos rasposas,
cortadas
rústicas
ásperas.
Quiero tocarte
y sentirte.
Reconocerte.
Porque al hacerlo
te quiero otra vez,
por todas las oportunidades para quererte que no tuve.
Porque al hacerlo
me quieres otra vez,
por todas las oportunidades para quererme que no te diste.
Por aquéllos subtes que dejábamos pasar
por aquéllos tres minutos,
sucesivos,
inquietos,
incesantes,
cosquillosos.
Te quiero en ese banco de Bilbao
que nos guarda el lugar.
En ese banco que espera.
En la gente que ya no nos choca.
En ese reloj “narcoléptico”.
Te quiero en Tribunal.
Te quiero donde me quieres.
En mis huecos
y recovecos.
En los adioses automáticos.
En las manos en las ventanillas.
Te quiero en el no.
Te quiero cuando dices.
Y cuando no dices entonces no.
Te quiero en mis concavidades
en mis “convexiones”.
Te quiero nevando en Madrid.
Te quiero escapando de la escuela
por la puerta de atrás.
Te quiero en Rayuela.
Te quiero en Balzac y en su costurera.
En los besos que me robaste
en tu insomnio
en tus maneras
en nuestras ficciones y las de Borges.
Te quise
te quiero.
Y sé de abrazos
como concavidades
como “convexiones”.
Entonces desearía que desaparecieses de mi vida por siempre.
o no haberte conocido nunca.
Ya no quiero reconocerte.
Ya no quiero que vos lo hagas.
Ya no quiero esas convenciones.
Desearía que nunca me hayas querido.
Eso.
No deberías haberme querido nunca.

8 comentarios: