sábado, 25 de mayo de 2013

Misántropo enamorado.



Soy un misántropo que vive en un perro. Se llama Ringo, es un manto negro que lamentablemente no asusta a nadie. La gente suele acercarse a acariciarnos y detesto las caricias, además no entiendo para qué nos tocan si luego van corriendo a lavarse las manos.
A veces cuando nos acarician logro hincar mis dientes en algún dedo. Y qué placer siento al hacerlo.
Nos vinimos a vivir con Lucía un día de septiembre de hace un par de años. Nos encontró ya cansados de dar vueltas y estar en permanente búsqueda de comida.
Por aquellos tiempos comenzaron los días más felices de mi vida. Todas las mañanas me levanto temprano para desayunar junto a ella y despedirla cuando se va a trabajar. Luego la espero para comer y desearía ser grande para poder cocinar y recibirla con la mesa servida. Por las tardes nos tiramos a dormir la siesta en el sofá junto a las ventanas, justo bajo los rayos de sol.
Al anochecer, a Ringo y a mí nos ataca la ansiedad. Lucía comienza con su ritual de cambiarse y nosotros la seguimos por toda la casa mientras ella se cambia la camiseta, se pone sus pantalones de pana y sus zapatillas amarillas. Entonces nos preparamos y nos arrimamos a la puerta y Lucía nos mira y sonríe. Daría todo por acariciar su rostro al menos una vez. Ringo si lo logra y son ésos los momentos en que lo envidio. Qué pena no ser perro, que pena no poder besarla como él, no poder pasar mi lengua por toda su cara, por su nariz, su boca… y recibir caricias de agradecimiento y de ternura. A veces logro rozar sus dedos con mi mano. Tiene una piel tan suave… y huele rico, una mezcla entre jazmín y almendras. Y sueño con ese olor, qué lindo sería estar entre su piel, oler su olor y no éste a perro y vivir un día fuera de estos pelos y caminar libremente y no depender de nadie y valerme por mi mismo y ser un hombre de verdad y no esta especie de renacuajo desquiciado maloliente.
Y encima llorica. Ahora se me caen las lágrimas como un tonto. Y entre lágrimas y pelos, menos logro ver o distinguir. Ahí se está preparando, me tengo que alejar un poco porque viene a ponerle la correa a Ringo y ya me ha pasado en una ocasión que por poco muero ahorcado. Ahora salimos, me gusta cuando paseamos, yo voy acomodado justo entre las orejas de Ringo, me da una visión bien amplia. En estos paseos me siento bien, ella camina tranquila, deja siempre el celular en casa y sale sola con nosotros y yo llego a perder la noción de mi tamaño y hasta llego a dejar de sentirme misántropo.
Lucía nos mira y sonríe. Nos vuelve a mirar y ya no sonríe.
Entonces se detiene y mira, nos mira, extrañada. ¿Qué le pasa? Lucía querida, cómo me gustaría saber qué te ocurre, si supieras que podés confiar en mí, podría escucharte siempre. Ser tu confidente.
Entonces se agacha y mira a Ringo de frente. No. Me mira a mí. Mi corazón late. Late. Late mucho y fuerte. Nos miramos. Lucía y yo nos miramos. ¿Se están haciendo realidad mis sueños? Entonces acerca su mano izquierda y salto sobre ella. Y no puedo creer mi suerte. Y acerca su mano a su cara y me mira de cerca, y yo le sonrío. Ella grita. Mi columna. Algo se mueve, ¿qué es lo que está pasando? Me veo la espalda. Estoy volando. Vértigo-miedo-perro-muero-corazón-vuelo-libre-pregunta-muero-muero-pregunta-muero-¿qué?-caigo-mano-pie-golpe-cabeza-retumba todo retumba. ¿Pies? ¿tengo los pies? ¿manos? ¿brazos? Tengo todo. Intento moverme pero mis pies no se mueven. Es mi columna. Fue su dedo. Su dedo golpeando con fuerza mi columna y luego el vuelo. No me puedo mover. Escucho a Ringo. Está llorando. Ringo mi Ringo. Perdón mi cachorrito. Acerca su hocico y me invita a subir, pero no puedo. Mi columna Ringo. Él llora, Lucía tira de la correa y lo aleja de mí. Y no puedo creer en este castigo que estoy recibiendo sin motivos. Me mira desde lo alto. Y es tan hermosa. Te amo, Lucía. Te amo con todo mi corazón, y perdón mi querida si te sentiste observada, si te estuve espiando cuando te cambiabas sólo han sido ventajas que he tenido por ser tan pequeño, por ser tan poca cosa. Lucía levantáme, lleváme con vos. No me mires mal. ¿Qué hacés? Pará Lucía que no puedo moverme, no puedo defenderme. ¡No Lucía! No, ¡con el pie no! Te am

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