jueves, 16 de mayo de 2013

Los rezos de Manuela



A Jey.
Manuela se ha levantado pronto para rezar tranquila sin que nadie la vea.
Primero se dedicó a montar el altarcito con tres velas de colores
que ella misma cataloga de la siguiente manera:
Rojo para el amor de un hombre bueno.
Blanco para la esperanza de todo lo anterior.
Naranja para el triunfo del porvenir.
Luego la cabeza se le llenó de imágenes.
Cada día que enciende la vela roja y pide por un hombre bueno,
aparece su pasado.
Ahí, justo en el altarcito,
“irrespetándolo” todo,
entre virgencitas y santos,
entre velas y plegarias,
entre sueños y rezos,
putea.
“¡Uy! Fue sin querer”,
se corrige, se persigna,
se disculpa “no, no se los dije a ustedes”
aprieta el rosario “maldición maldición”
respira, busca, recuerda
y pasa la mano por delante y por encima de su cabeza
“¡yú, yú! ¡Fuera!” dice.
Respira, cuenta hasta cinco lentamente.
Entonces sí. Puede continuar.
Luego ha desplegado todas las estampitas:
San Antonio,
la Madre Maravillas,
la Beata María Ludovica,
Nuestra Señora Desatanudos,
la Rosa Mística
y la Virgencita de Luján Santa Patrona.
Respira hondo y profundo.
Entrelaza los dedos
en ellos su rosario y su jesusito
y lleva las manos a su mentón.
Y vuelve a respirar
una y otra vez.
Quiere creer en todos sus santos,
sus vírgenes
y sus jesusitos.
Moja los dedos en el agua bendita
que trajo del Convento de La Aldehuela
donde en paz descansen los restos de la Madre Maravillas.
Y se persigna.
Tiene tanto por pedir.
Respira hondo y una lágrima se le cae.
Así, sin más.
Porque Manuela quiere creer en algo:
Estampitas,
jesusitos,
velitas,
virgencitas,
santitos.
Ella necesita pedir cosas
y que la vida se lo ponga fácil,
porque ya bastante se sacrificó siempre bien solita,
que quede bien claro.
Su amiga quiere ser mamá,
y ella no puede hacer más que rezar.
Y además está la tiendita de ropa.
Por primera vez Manuela va a tener su propia tiendita,
su sueño.
Necesita fe.
Necesita creer que todo saldrá bien.
Y ya de paso que reza, pide por un novio a San Antonio
porque se siente sola.
Más sola que está la pobre.
Más sola que su vecina la Almita,
que está sorda como una tapia
y sólo ve hasta el grano de su nariz.
Chicata, chicata la Almita.
Pero aún peor está Manuela.
Sola.
Más sola que Dios bendito.

6 comentarios:

  1. Totalmente anonadada y agradecida. Te queda muy bien la tercera persona. Espero leerte siempre.

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  3. sos una cajita de sorpresas. tambin me sorprendiste. es que debe ser cierto al final, de la modestia extrema de las personas realmente buenas, verdaderamente artistas. mas te admiro. Éxitos y que fluyas! Pia

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    1. Qué lindas palabras. Sos un amor Pia!

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  4. Wonderful!!!! Como siempre disfruto con cada historia, momento, recuerdo que me traes a la cabeza !!! Dónde estará mi estampita de San Antonio??

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