miércoles, 8 de mayo de 2013

Dolores




Dolores insubestimables I

A cada uno su dolor. Y no por eso más o menos doloroso. No me atrevería a juzgar el dolor de nadie. Nunca. Los dolores son insubestimables. La pucha che, si será verdad. El dolor cuando es real se te mete en el cuerpo como el frío de mi ciudad en pleno invierno. Lo sentís en los huesos al caminar. Notás cada una de las partes de tu cuerpo porque duelen todas. Sentís como al dedo gordo de tu pie no le llega la sangre. Los dedos de tus manos están blancos y no sos capaz de moverlos. Tu nariz, tus mejillas, se queman de frio. Y por más bufanda, guantes, gorro, chaqueta, poncho o pasamontañas, el frio encuentra la manera de colarse en tu cuerpo. Así es el dolor, o peor aún, arremete con vos allí donde estés. El dolor entra sin pedir permiso y te sorprende. Y estabas despistado o aburrido. O quizá él. O estabas contento y jubiloso. O quizá él. Quién sabe. Y no hay edredón posible que nos proteja contra este fucking pain. Y pinta nuestros días con colores imposibles. Ataca mayormente por las mañanas y tenemos que buscar las fuerzas debajo de la cama o dentro de las chanclas de andar por casa. El jodido nos sorprende por todos los sitios y a todas horas. O por ninguno y a cualquier. Para él es un juego. Y a nosotros nos quita la vida. Porque hasta nuestro acto más simple tiene otro sabor cuando nos duele el alma. Pero tenemos que hacer todos estos actos simples cada día si queremos ganarle el juego. Nuestro cuerpo pide cama-casa-pantuflas-tele-libro-nada-la nada más infinita. Pero las responsabilidades nos obligan a hacer todo lo que no queremos porque en momentos así no queremos ser lo que no somos ni lo que somos aunque sea durante el recreo. Los dolores son insospechados. Los hay de todos los tamaños-gustos-sabores-sensaciones-grandes-pequeños-finitos e infinitos cortos-largos y eternos. También hay dolores selectivos para aquellos que se sienten cómodos siendo masoquistas y castigándose por algún pecado de esta vida o de alguna de antes cuando eran águilas, maltratadores, monjas que se dieron por vencidas ante su propia fe o vete a saber qué carajo bien malo. Porque sí, hay quien se mete derechito por el camino que conduce al dolor. Y si no es el autocastigo será que se sienten cómodos en ese estado. O por el miedo a vivir otros estados. O por la culpa de haber vivido una vida muy tranquila sin dolores. Entonces existe la búsqueda del dolor.
Por una razón, por otra razón, o por un sinrazón. Un día sin más mientras rallamos zanahorias aparece el maldito y lo sentimos bien ahí dentro en nuestros ovarios –o en las pelotas-.  

Dolores insubestimables II

Observo leo escucho.
Dolores como mares.
Profundos, misteriosos y azules.
Azul Vangh Gogh. Pero sin estrellas.
De muelas de muerte de música.
De gordura de gula de gozo de lujuria.
De operación de dicción y de jubilación.
De rodillas de la gota de cirrosis.
De pasiones de cantantes de jugadores.
De luciérnagas de esquinas y de hojas amarillas.
De lluvias de ranas y de charquitos de agua.
Hay dolores de felicidad
cuando amás tanto que no podés ni respirar.
Hay dolores de ciática y de lumbalgia,
de caderas, de farsantes y de comedias.
Hay dolores de profesión de acción y de ficción.
De radios de mapas y de distancias.
De gala de mujer de hijas y de hermanas.
De madres que no fueron y de otras que para qué.
De sonidos tristes, de violines y de acordeones.
De payasos de circo y de colores desteñidos.
Dolores propios de la adolescencia
de la juventud
de los treinta
de los cuarenta
y de cada década.
Hay dolores como mares.
Revueltos, turbios, bélicos, turbulentos.
Como una novena sinfonía de salud maltrecha,
y un Beethoven diciendo “comedia finita est”.
Hay dolores como esfinges y el aire no te llega
y los enigmas, el veneno, los secretos
son cosas de reyes y guerreros,
de profetas, de oráculos, de pitonisas y de ninfas.
Y vos te quedás fuera mirando desde las ruinas
como si delante tuvieses el templo de Apolo. Pero cerrado.
Hay que aprender en esta vida a ser medio malabarista,
a no ser arco, a esquivar dolores como flechas,
o a ser muy macho aunque se sea mucha mujer.
Porque sé de gente que ha sufrido tanto
y ha llorado tanto que se ha quedado como una pasa.
De tanto llorar se ha quedado sin lágrimas
y de tanta sequedad se muere de bien vivita que está.

5 comentarios:

  1. hermoso Luca...como siempre...deslumbras con cada nuevo escrito....
    "dolores infinitos...nada...como la nada misma...que esta llena, el vacio...esta lleno"

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  2. Debemos comenzar a programar el Día Mundial de las Edredonianas. Un besote...

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    1. Si, nuestro día, que lleve el lema, la bandera "hoy no me levanto".

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  3. Increíble como todos luján y perdón por el retraso al leerlo. Pero parece que esperaba a leerlo hoy....hoy que me he levantado así, así como lo has contado.
    "Nuestro cuerpo pide cama-casa-pantuflas-tele-libro-nada-la nada más infinita...".
    Gracias.

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    1. ¡Gracias a ti por leerme y compartir un comentario!

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