domingo, 19 de mayo de 2013

Amigos



A Richard J.
Me regalas tu sonrisa cuando me miras.
Me abres el corazón.
No con puertita corrediza que abre y cierra,
ni con puertita giratoria que no para de dar vueltas,
ni con esas de dos aguas que van y vienen
y se quedan tambaleantes.
Tú abres la de casa,
esa que tiene llave,
candados de galpones,
pero conmigo dejas la casa abierta
sin miedo a los ladrones.

Y te quiero
con tu pelo alborotado,
con tus andares de tipo corriente.
Eres la poesía misma.
La de verdad.
La que se escribió viviendo,
la poesía de amor y no de enamoramiento.
Eres mi mejor espejo.
Bondadoso, generoso.
Desquiciado, quisquilloso.
Eres cómico y soñador.
Eres la valija lista,
para ir al espacio sideral en tractor.
Eres un ciclista de casco y guantes
pedaleando por Reggio Emilia con Vincenzo
persiguiendo ideales, bromas, juegos y amantes.
Eres el teléfono mismo a las 4 am
que escucha lágrimas de Prozac llenas de dudas y de miedos
que escurre el llanto con canciones de cuna
que cuenta cuentos de tilo y boldo
para los males de amor y de estómago.
Contigo me quiero.
Con mi sótano desarreglado,
con las cañerías atascadas
y los riñones infectados.
Contigo me encuentro y vivo.
Contigo peleo, caigo, voy, vuelvo y transcribo.
Contigo digo y desdigo.
Contigo narices rojas
en la Vía Láctea
y noches de Imperios.

Contigo portales de bufanda y gorro de lana
y espectáculos de madrugada
para los aburridos,
los recolectores de basura
y los perros perdidos.
Contigo desencuentros,
taxis imprevistos,
consejos perdiendo el colectivo,
amores que no fueron,
secretos compartidos,
historias imposibles,
viajes inconclusos,
tallarines a la vongole,
la poesía.
La pelea.
El rock ochentero.
Las despedidas que no fueron.
Los reencuentros inesperados.
Las cartas que nunca llegaron,
las cosas que no dijimos,
los cafés con cigarrillos de armar,
las ganas de estar cerca
pero ya estamos lejos.

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