miércoles, 17 de abril de 2013

De mandarinas y esperanzas.



Hoy el mercado de la esquina estaba lleno de gente. Lo pude ver desde mi balconcito y me dio tanta intriga que bajé corriendo las escaleras. Cuando llegué me di cuenta que estaba con mis chancletas de andar por casa y en camisón. Nadie lo notó. Me fui acercando muy intrigada al puesto de frutas porque era allí donde se congregaba toda la gente, y entonces descubrí el ofertón de la semana: “un kilo de mandarinas por diez pesos y se lleva de regalo esperanzas para un año”. Oferta válida sólo por hoy. Ahí empecé a correr. Volví a casa subiendo los escalones de dos en dos, agarré cien pesos y entré al mercado temerosa de haberme quedado sin la oferta. Además era algo único, nunca nadie regala las esperanzas. Pensé que tal vez podrían estar vencidas. Pero luego me dije que eso sería imposible, la esperanza no tiene fecha de caducidad. Total, que me dispuse a esperar, porque no había llegado tarde y aún repartían números. A mí me tocó el ciento uno e iban por el cuarenta y cinco. A la hora me atendieron. Empecé a debatirme entre cuántos kilos comprar. Solo disponía de cien pesos y todavía me quedan días en el mes. Pero deduje que con esperanzas llego a fin de mes o al fin del mundo si quiero. Así que compré kilos para siete años y mandarinas para hartarme. Tan cargada volvía que las bolsas no resistieron y se rasgaron. Mandarinas por acá, mandarinas por allá y todas las esperanzas regadas por la calle, los coches viniendo y por favor no me pisen las esperanzas. Pasó una bicicleta adiós una mandarina y un poco menos de esperanza. Encima no las veía como a las mandarinas pero pensaba “si recojo todas las mandarinas seguro que también recojo las esperanzas”. Entonces sucedió lo peor. La pude escuchar a lo lejos. Se acercaba una ambulancia. No tuve otra alternativa que dejar de cortar la calle porque pensé que luego alguien podría morir a costa de mis esperanzas. Pero rápidamente me dije, si recojo las esperanzas antes, luego tendré para aquél que está sufriendo y a punto de morir… Pero tuve que hacerme a un lado porque el señor de la ambulancia se bajó y me gritó que si no me movía del medio de la calle me mandaría otra ambulancia pero para “locosenfermosmentalescomovoslocadelocho”. Cuando terminó de pasar sólo quedaban enteras dos mandarinas. La calle olía dulce, agria, y ya podía ver un perrito pulgoso acercándose a husmear entre mis restos de mandarinas y demás. Antes de perder las esperanzas que tenía -porque por lo menos con esas dos mandarinas tendría esperanzas para una semana- decidí volver al mercado a comprar más mandarinas. Agotadas. Llegué a tiempo para ver a la última persona cargada con cuatro bolsas llenas y una gran sonrisa. Yo sonreí con la esperanza de que pronto larguen otra oferta como la de hoy y recuperar lo perdido y porque pensé que la ambulancia ya habría llegado a destino y estaría salvando a alguien a costa de mis mandarinas y mi torpeza. Sonreí mirando a los balcones de mi calle, tan callados siempre, testigos del accidente. Así que me senté en el bordillo y me comí las dos mandarinas.

15 comentarios:

  1. Genial! Esta vez mantuve una sonrisa durante todo el relato... me encantó. Y aunque el tema pueda ser profundo, tu contar es simple y... fresco!

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    1. Gracias Mariana, por tu comentario que viene a ser motivador y halagador!

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  2. Excelente, amiga!! Cuando publicas tu libro de cuentos???

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    1. Ay Flor, por ahora no está en mis planes la verdad.. pero quién te dice que algún día.. Gracias!

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  3. Se puede notar la luz mandarina en todo el relato. Un contar pausado y un contrapunto fino le dan fuerza y cadencia. Como dijeron aquí mismo, es simple y fresco, te obliga a terminarlo y al hacerlo, te invita a leerlo nuevamente...

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    1. Gracias, hermosas palabras las tuyas.

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    1. Se agradecen siempre los comentarios! Me alegra que te haya gustado.

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    1. Ya te guardé, te la envío por Fedex o por Correo Argentino?

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  6. una esperanza! o mas de una para guardar!

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  7. Yo también compraria esperanzas a 10 pesos.. Aquí nadie las quiere vender, las guardan bajo el colchón, como siempre se hizo con las mandarinas, que cosas.. jajajaja me encantó el relato luca me sacó mi primera sonrisa del dia

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    1. Muchas gracias por este comentario tan bonito. Te sacó una sonrisa... a mi eso me saca una alegría enorme.

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  8. A mí me ha resultado agridulce querida Luca. Esperanzas para 7 años un momento y al siguiente para dos semanas =(, pero me ha gustado bastante.
    Te abrazo.

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    1. Tal como la vida misma querido Gil. Agridulce.
      Abrazo grande!

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