viernes, 12 de abril de 2013

Andanzas. Uno.

 Reinventado.


Una vez robé en Nápoles
un semáforo en rojo
porque allí no servía para nada.
Un mosaico de Gaudí en Barcelona
y un pedacito de rambla para poder pasearla en mis ratos libres
pero a cambio le dejé un secreto.
Tengo un beso que le di a un australiano
en pleno mundial del 2002 en Chicago
 y una flor marchita de la tumba de Jim Morrison.
Una vez fui a Lisboa
para olvidar un amor prohibido
-after years and I still can’t get it-.
Escondida en mi chaqueta me llevé a la joven de la perla
del museo de arte de La Haya
-Vermeer me hizo un guiño de complicidad-.
De Florencia me robé el David
pero a Miguel Ángel no le gustó nada,
rápidamente lo escondí en la casa de Dante
que me abrió sus puertas
porque presagió que ocurriría.
Botticelli se apiadó y me regaló los ojos de la Venus
aunque me pidió discreción porque no suele hacer esos regalos
así que los llevo puestos para que nadie se dé cuenta
y veo amor en cada rincón
de cada lugar de cada persona de cada momento
el amor se chorrea y muchos ni cuenta se dan y lo dejan irse, caerse
perderse escabullirse entre las rejillas.
Pero hay otros que lo valoran,
lo desean tanto y se sienten tan llenos que no quieren perderlo
entonces lo llevan bien agarradito con una correa
y lo sacan a pasear todos los días a las cinco de la tarde para que se airee.


 

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