sábado, 27 de abril de 2013

Las horas desatadas en París.




El otro día me senté en la esquina de la Rue Du Cloître
en el café de las torres de Notre Dame
a dejar que las horas pasen
y me saluden.
Ellas muy amables y primorosas
pasaron riendo y haciendo ruido
con todas sus pulseras, sus abalorios
y con un Jack Russell de boina, gallardo y gracioso.
Y todos movían la cola.
Yo las llamé levantando mi copa de vino tinto: “¡queridas!”
pero ellas me ignoraron bajando los párpados
y acercándose con pasitos diligentes
y tapándose la boca con las manos envueltas en guantes  violetas
me susurraron: “¡no seas loca, estamos en París!”
Perdón horas.
Dije yo, sonrojada,
por las vergüenzas y por el vino.
A veces pierdo la compostura
además París es muy exquisito,
refinado, elegante, sofisticado.
Entonces ellas me quitaron la copa de vino
y se la bebieron entre sonrisas,
sombreros y pañuelos de colores
al tiempo que le guiñaron los ojos
al lechuguino que estaba en la mesa de al lado.
Y mientras una le sonreía al petimetre éste
a la vez que sujetaba la correa del Jack Russell a la pata de la mesa,
la otra me cambiaba los zapatos, me maquillaba,
y me tiraba del pelo hasta las lágrimas.
Entre vinos, desconcierto, aturdimiento
y los ladridos del perro
me emperifollaron como un pimpollo.
Me levantaron y me dijeron
“ya es hora que te vistas y actúes como una mujer”.
Y pisando chueco y doloroso
visitamos la Torre Eiffel,
Montmartre y
en el 15 de Rue Lepic en el “Café de los 2 molinos”
nos tomamos un helado de cerezas con Amélie Poulain
que me enseñó a comerlo con la nariz porque así es más divertido.
Y las cerezas se las daba al perro.
A ellas no les hizo gracia
escuché que comentaron que Amélie me pervertía.
Luego seguimos andando
porque las horas decían que había mucho por hacer aún
y que debíamos darnos prisa antes que baje el sol.
Entonces nos sacamos fotos y parpadeamos mucho.
Los tacones resultaron ser algo complicado de llevar
sobre todo en los empedrados de las Rue parisinas
pero ellas me dijeron que eran la clave de la elegancia
y que el rojo me queda muy bien.
Además me combinaban con el color de los labios.
Bueno, ellas queriendo convencerme y educarme.
Yo, por mi parte, me agregué un lunar sobre mis labios.
Y ellas me enseñaron a decir “oui monsieur
pero “con una sonrisa, siempre con una sonrisa y parpadeando”.
Fue una clase intensa
y yo trataba de imprimir todas las lecciones,
los dedos índices ordenándome,
explicándome, instruyéndome,
las imágenes, movimientos,
sonrisas, parpadeos,
imprimir, el perro, el helado,
los tacones, la falda, el andar,
imprimir.
Al final del día me llevaron al Moulin Rouge
a bailar y a ver hombres guapos
y justo cuando entramos
se alteraron y comenzaron a codearse.
Una de ellas golpeó su cabeza contra la pared
y yo preguntándome “¿qué pasa?”
Y la gente excitada y revuelo, trastorno, alelamiento
y corridas y empujones
y las horas como locas
“¡el artista!” llegué a escuchar
de pronto siento que alguien me llama con un golpecito en el hombro
giro apenas
y toda una dentadura blanca y perfecta delante de mí
y escucho las horas caer desmayadas con las piernas mirando el techo
Jack Russell empieza a dar saltos de felicidad
es Jean Dujardin
que acerca su mano abierta
y yo me llego a preguntar
“¿querrá que le extienda la correa del perro?”
“¿será que me viene a reclamar que el perro es suyo?”
entonces me dice
“voulez vous dansez avec moi?”

jueves, 25 de abril de 2013

Querer como oruga

Quiero hacerte el amor dieciocho días seguidos
con sus veinticuatro horas enteras.
Y tomarme el tiempo de aburrirme a tu lado
jugar a las escondidas
y a los crucigramas
dar medialunas
zambullirme en todos tus huecos.
Nadar entre los remolinos de sábanas.
Quedarme ciega de amor.
De locura.
Olerlo todo como una oruga.
Olvidarme de las tareas,
de las listas y de la agenda.
Comer tus besos
masticarte
poquito a poco.
Por aquí. Por allá.
Ahora, luego, después.
Llenarme hasta la risa.
Cometer lo no cometido.
Dejarte.
Estirarte.
Resbalarnos de sudor.
Calor.
Hastío.
Quiero robarle tiempo al tiempo.
Joderlo a él por todo lo pasado.
Quiero hacerte el amor dieciocho días seguidos.
Jugar a las cartas
y a los reyes de espada.
Y decirte que si
y que no.
Y dejarte hacer y deshacer.
Quiero verte la cara y verme.
Quiero sentirte fuera.
Dentro.
A mis costados.
Arriba.
Abajo.
Y morderte las cosquillas
y besarte con desvarío.
Bucear en tu océano.
Ahogarme de vos.
Rescatarme en vos.
Morirme en vos.
Resucitar en vos.
Muere conmigo.
Bucea.
Corre.
Nada.
Caeteunaymilveces.
Que te levanto.
Y recuerda.
Olvida.

miércoles, 24 de abril de 2013

Luca



Exhibicionista. Introvertida. Extrovertida. Aire. Causa. Efecto.
Luciérnaga. Muérdago. Voz. Tacto. Soy eso, ésto y aquello.
Quiero examino evado busco cojo observo.
Rio lloro muero resucito.
Soy audaz. Locuaz. Apagada. Altiva. Distante. Callada. Acalorada.
Soy racional. Irracional. Quedada. Rápida. Furtiva.
Leal. Honesta. Mentirosa. Exagerada. Ansiosa. Tranquila.
Pasajera. Viajera. Amiga. Desprejuiciada.
Amable. A veces. Simpática –no siempre-. Antipática también.
Buena. Lujuriosa. Quebradiza. Des-esquematizada. Caótica.
Lectora. Caminante. Oreja.
Soy secreto. Soy yo acá hoy. Soy con sueño y sueños.
Soy una canción de Daniele a las 4 a.m.
Un punto en tus pupilas. Una calle en Cadaqués.
Un picor en tu nariz. Una puesta de sol en Mar del Plata.
La arena de Sperlonga. Los pies en el kilómetro 0.
El café de Portugal. Un reloj derretido de Dalí.
La pastafrola de membrillo. El sol en las tardes de invierno.
La rebeldía adolescente. Soy quimera.
Soy tu punto de partida. Y de tu vuelta.
Tu decisión. Y la mía.
Una hoja en blanco para escribirse y una llena de garabatos,
gráficos, colores, manchas, tachones, dibujos, palabras y flores.
Soy respiro. Coraje. Soy pesimismo.
Soy alegre. Soy un pie en el avión. Soy la raíz de un trébol de cuatro hojas.
Soy tu desliz y tu acierto. Mi error y mi cordura.
Soy flecha y arco si me dejo. Respuesta rápida. Indiferencia.
Camelia y Margarita.
Soy una película de superhéroe.
Una actriz secundaria de telenovela barata.
Una canción olvidada. Tu risa en mi memoria.
Soy tus ojos cuando descubren.
Una pincelada roja de Chagall.
Una baldosa de Roma. La impronta napolitana.
Soy cuanto quiero como quiero lo que quiero y lo que no también.
Soy un invento. Soy mi creación.
Soy enamorada. Decisiva.
Soy un balcón de Madrid.
Soy un poco Jessica a veces y otras, muy Patricia.
Una huella en un hombre que quise y me quiso.
Soy tu porvenir y el mío. Soy tu coraje porque me sobra.
Soy el beso que llevo conmigo. Los adioses que nos dimos.
Los abrazos por venir. El querer tan próximo.
Soy admiración. Mirada fresca. Y a veces dormida.
Soy nota musical saliendo por la ventana.
Soy las zapatillas corriendo el colectivo.
Soy la espera en el café Comercial.
El paseo de los recoletos echándote de menos.
Una frase de Sabina escapándose sin pagar. 
Soy tu radiografía escapando del aburrimiento.
Riendo con hoyuelos.
Escribiendo porque se le canta.

sábado, 20 de abril de 2013

Variations on Sakura.


Un día te escribí un poema
o algo por el estilo.
Te hablaba de Madrid,
como lo conocemos.
De esas noches de lunes o martes
que bailaban borrachas de vino y de lujuria
perdidas y desorientadas
diciendo con voz de pito: “nos estamos comportando como un viernes o sábado”
y riendo a carcajadas, mostrando los dientes y las impudencias.
Madrid siempre esconde rincones
lluvias balcones y lunas
para quienes necesitan vomitar viejos engaños
y otros malestares estomacales
mientras Antonio toca en la guitarra
Variations on Sakura.

Te hablaba de las mañanas
ésas en que vos dormías y yo me escapaba.
Y buscaba mi falda
y no la encontraba
y el despertador sonando
y vos roncando con tu música el sueño
y el día parado de pie frente a mi
con su bigote renegrido
y sus manos fumando anillos de oro,
ironías y maldades por el estilo.
Todo ese día tan alto y flaco
pavoneándose sin tapujos
atropellado,
desenvuelto a las ocho y diez.

Un día te escribí un poema
que parecía más un cante jondo
porque estaba lleno de taconazos contra el tablao
y gritaba lastimosamente
con voz de paquete de cigarrillos
los vinos de la noche anterior.
Y la resaca aprovechaba
todos sus volantes a lunares
para bailarse una sevillana.

Entonces te escribí un poema
por aquellas noches
de duelos y de honores.
De cerezos y laureles.
Por aquellas mañanas tanteando en la oscuridad.
Y la cabeza los temblores y los escalofríos.
Y la falda no.
A cambio cubos de rubik
de todos los colores.

Y te decía con letra torcida:
me quedo con el beso.
Con el mío. Con el tuyo.
Con mi te quiero. Con tu te quiero.
Con el juego.
Porque juntos bailamos desde Copenhague hasta Nina Zilly.
Juntos los gin & tonics con pepinos y pétalos de rosa.
Juntos las caídas en la sala Barco y los cafés en la Plaza de Oriente.
Y nos queremos para luego pelearnos
y revolcarnos
y paseamos los bares de siempre
y nos estrujamos en un rincón
y en otros nuevos hasta que nos echen
Y entonces yo canto con algún borracho perdido
un tango resonado
un “volver”, un “mano a mano”
y me pongo a charlar
y vos me esperás en la esquina desquiciado.

Un día te escribiré un poema mucho mejor que éste
o que aquél que un día escribí
y te diré muchas cosas bonitas.
Te diré que sólo vos
Sólo vos…
Bueno, algo pensaré.