miércoles, 24 de octubre de 2012

Éxodo de oscuras golondrinas.






 
“De sobra sabes que eres la primera
y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño…”
(J.S.)

Ya no eres tú. Ahora sos vos. Ya no sois vosotros. Ahora son ustedes sin pedirme que “los tutee”. Ya no voy "a por la fregona", ya no compro bragas ni sujetadores, no llamo al fontanero, no tomo cañas, no tengo compis, no voy al lavabo ni ando por las aceras, ya no digo "hasta ahora" ni "estate al'loro" ni hostias ni leches ni na' de na'. Pues son palabras de allá. Como autobús, dinero, maleta, mechero, pinza, pelas, duros, tacones, ordenadores, faldas, camisetas, motocicletas, charcutería, estanco, metro, Chueca, Concha, tío, tía, coño, joder, “Ay madre”, me cago en to’loquesemenea, hostiaput… Venga, ¡Va…! Que ya no follo ni me corro. Que acá se corre en las maratones y en la cinta del gimnasio y para que la gente pueda pasar también te corrés. Que ya no curro porque acá estaría muy mal visto, sino que laburo. Ni como ensaimadas, ni filloas ni ningún tipo de bollería. Y mejor no aclaro que pa’qué. Ja. Ni voy a la frutería en busca de judías verdes, boniato, lombarda colorada, calabacines, cebolleta o maíz. Ni a por melocotones fresas nectarinas o albaricoques. Ya nada es hortera ni cutre.
Ahora busco el secador o el trapo de piso. Compro bombachas y corpiños, llamo al plomero, tomo cerveza, tengo compañeros de laburo, voy al baño, camino por las veredas, digo "hasta luego", "andá con cuidado", micro es un autobús, la plata no sólo es mi ciudad o un elemento químico o un material de transición o un metal sino también la moneda y le decimos mangos o guita, tenemos valijas, solcito que no solecito, florcitas que no florecillas, grasa, quilomberos y quilomberas (de estos tenemos muchos y hacen mucho ruido). Otras palabras. Tomar, simpático, lindo, y todo termina en "ito", qué cosito más bonito, un cafecito, qué nenito chiquitito, qué buena estaba la picadita... Acá hay compus, papas, polleras, remeras –que no “rameras”-, motos, facturas, vigilantes, netbook, notebook, kioscos, enfermos, torpes, rotisería, subte. Chueca es una mujer que tiene las patas pa'dentro, concha no es la vecina, tíos son los hermanos de tus padres, y no hay "infeli'" sino pedazo de HDP. No hay trozos sino pedazos. No hay gilipollas sino tarados, las pollas acá son la mujer del pollo. Aquí coges y luego acabas –no corres a ningún lado-. Y nadie cojea porque no hay cojos sino que hay rengos que renguean. Ni comes un bocadillo ni cacahuetes ni palomitas ni chupachups ni te tomas un refresco. Acá te morfás un sanguche, los maníses los pochoclos los chupetines y te tomás una gaseosa. Los chiquillos son pendejos. Las cuadras de acá son las manzanas de allí. ¡Lo bueno es que por fin tengo vidrieras porque la palabra escaparate no me salió en diez años! Y ya puedo decir que todo está prolijito que me van a entender. ¡Qué facha! Acá es un halago, nadie te está llamando fascista en toda la cara. Y si dijera que “hasta el 40 de mayo no te quites el sayo” el resultado sería una expresión de desconcierto. ¡Echo de menos echar de menos! ¡Echo de menos palabras! ¡Y tantas! Enfadarse, mosquearse, jarana, juerga, boli, lentillas, cremallera, saco, conserje, grifo, rotulador, chaqueta, jersey, americana, polo, gasolina, pendientes, zarcillos, alcahuetes, zumo, mantequilla, decirle alcachofa al duchador, rulos a los ruleros, rizos a los rulos, imperdibles a los alfileres de gancho, gallegos a los nativos de Galicia, pijas a las chicas muy caretas, grapadora a la abrochadora, agarrado al amarrete, ligar en los bares y liarla en los bares, el paro del desempleo y no el paro de las huelgas (los dos iguales de jodidos de cualquier modo), decirle gafas a los anteojos… Y así de a poco un lenguaje por otro. Y así de a poco vuelvo a Argentina. Renegando por dejar lo que se quedó de España. Algunas de ellas seguirán conmigo por siempre. Pero qué tristeza. Te echo de menos Madrid -y no te digo con dos cojones sino con dos ovarios...-. Por ti siempre me quitaré el sombrero. ¡Chapó!

jueves, 30 de agosto de 2012

Los nenúfares de Atocha.





Quiero aquél perfume de mi primer amor.
El recuerdo de Ginés parado frente a mí con una flor amarilla el día de mi cumpleaños.
La risa de mi hermano cuando de pequeño se reía a carcajada limpia y a pata suelta.
La pasión de mi papá por los autitos de carrera.
El sol entrando por la ventana de Daniele en las tardes y los dos bailando Copenhague.
Quiero los desayunos con Gaetana.
Antonio tocando la guitarra. Ser esa guitarra.
Quiero Madrid en pleno verano caminando por la Gran Vía.
Las noches de fiesta con Ricardo, las apuestas que hicimos y que el tiempo dirá.
Quiero la sala Barco para bailar muchas noches hasta hartarme.
Quiero las nostalgias de Lisboa porque le sobran.
Ole, y su brazo con tatuaje dislocado.
Quiero un shot para compartir en los recreos.
Las tardes en la pileta en los días de verano
y el sonido de las chicharras de fondo interrumpiendo la siesta de los vecinos.
Quiero ser vedette de las de plumas, brillos y peleas.
Quiero meterme a jugar dentro del circo rojo de Chagall
y robarle algunos colores para usarlos en los días pálidos.
Quiero pintarle las uñas a Bárbara una vez más.
Una vacuna que nos cure de las peores enfermedades
como la pedantería, el egoísmo, la avaricia, y la pobreza de espíritu.
Quiero hacer el amor con un gran amor.
Aplastarlo contra el suelo a besos y decir “para siempre”.
Quiero comer un kilo de dulce de leche.
Quiero enfrentar todos mis vértigos
subir a las montañas rusas,
tirarme en paracaídas,
andar en globo,
hacer bungee jumping
y subir a los edificios más altos del mundo.
Quiero una cita con Christian Bale.
Una sonrisa de repuesto para las urgencias.
Quiero tener un hijo que sea igual a Juan.
Quiero ser actriz dramática y también de las que hacen reir
y quiero bailar como Beyoncé y Shakira.
Deseo un  pastelito de dulce de batata en la arena frente al mar.
Quiero que se acaben las dicotomías, basta de dos por uno.
Quiero un gran amor y que sea un todo en uno.
Quiero menos despedidas. Pero si las hay, que sean como la última.
Me quedo con Daniele en el aeropuerto.
Me quedo con su “para siempre”, con ese abrazo.
Y así, me quedo con lo que existe.
Me quedo con los nenúfares del jardín de invierno de Atocha, el día que los descubrí.
Me quedo con lo tangible. Lo de verdad.
Lo que toca y exprime.
Lo que mancha quema chupa moja chorrea
seca sorbe corta pincha suena modifica
mejora empeora revive cae sube
come coge besa ama late vive.